El agua ejerce siempre una presión sobre nuestro cuerpo, que se puede ver aumentada por medios artificiales como centrifugadores o bombas. Su efecto masajeante es muy beneficioso para la circulación y la piel.
Tanto a través de la respiración como de la piel, nuestro organismo puede absorber sustancias químicas disueltas en el agua sin el más mínimo esfuerzo. Existe en el mercado un amplio abanico de productos para diluir en la bañera. Se trata de plantas y extractos de ellas (algas, romero, eucaliptus, pino, etc.) que pueden proporcionarnos oligoelementos, sales y minerales muy beneficiosos para la salud. Asimismo, la inmersión en aguas carbónicas naturales o con burbujas de ozono producen importantes efectos tonificantes.
El agua también tiene la propiedad de disminuir mucho la resistencia eléctrica de nuestra piel.
Precisamente en esa característica están basados los baños galvánico. La aplicación de pequeñísimas corrientes eléctricas al agua del baño, provoca una mayor permeabilidad de la piel y, por tanto, mayor capacidad de absorción de las sustancias que hayamos disuelto en el líquido.
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