Conecer qué clase de insomnio es el suyo es el primer paso para curarlo. De acuerdo con sus características, se pueden distinguir dos grupos bien diferenciados. Los que no pueden dormirse: aquellos que están demasiado "acelerados". Tienen muchas cosas en la cabeza, no pueden parar de pensar. Están embarcados en un proyecto que los obsesiona, tienen demasiado trabajo o dejan la actividad física para última hora, como una manera de intentar desconectarse de sus preocupaciones; y eso los excita. Para estas persona, es fundamental cambiar la rutina: no trabajar hasta tarde, iniciar el día con la clase de gimnasia o la caminata aeróbica, y eliminar la cafeína, el alcohol y el cigarrillo después de las cinco de la tarde. Los que ya no pueden dormirse. Se despiertan a las tres o cuatro de la mañana, varias horas antes de lo que deberían, y ya no pueden conciliar el sueño otra vez. Estas personas tienden a ser depresivas, y más pasivas en general: bajos niveles de azúcar en la sangre, que los incitan a comer demasiado y tomar bebidas estimulantes como café, mate, té y bebidas cola por la tarde, como para llegar al fin del día. Estas personas mejoran generalmente con ligeras modificaciones en sus hábitos alimenticios, para que sus niveles de azúcar se mantengan estables sin hacer picos: para esto deben consultar al médico, porque no se trata de comer dulces, sino hidratos de carbono complejos y frecuentemente. También esta rutina alimentaria los ayuda a no sentirse débiles o hambrientos, lo que favorece el descenso de peso si lo necesita.
Por último, para los que se despiertan de madrugada puede ser conveniente realizar ejercicios después de las cuatro de la tarde y hasta antes de la cena: nunca menos de dos horas antes de acostarse.
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