Desde tiempos antiguos, los productos de la naturaleza como las hierbas se han utilizado para ejercer distintas acciones en la piel. Las hay antiinflamatorias, desinflamatorias, purificantes, relajantes, blanqueadoras y astringentes.
En algunos casos, se las utiliza mezcladas con agua caliente, para hacer un baño de vapor. En otros casos, para hacer una infusión donde humedecer un algodón y hacerse una compresa para los ojos. Una precaución a tener en cuenta: que sea natural no quiere decir que le sirva a todos y para todo.
Hay innumerables plantas que causan reacciones, más allá de las alergias que pueda sufrir cada uno. Como siempre, es mejor averiguar las características de la especie, y, eventualmente, hacer una consulta con la cosmetóloga.
MANZANILLA. Es un calmante natural. Se destaca por sus virtudes desinflamatorias y estimula la regeneración de la epidermis. El té de manzanilla resulta especialmente recomendable como tónico facial y para las compresas aplicadas sobre los ojos.
TÉ CLÁSICO. La planta del té pertenece a la familia de las camelias. Es antiinflamatoria, combate la irritación y es rica en sustancias que previenen la oxidación. En los últimos tiempos se lo utiliza cada vez más en la industria cosmética y aparece como ingrediente de numerosas cremas, en particular el té verde, que es el que contiene mayor número de sustancias antioxidantes.
MENTA. Se destaca por sus propiedades astringentes, aromatizantes y desodorantes, que la convierten en ingrediente frecuente de muchos productos de belleza. Es ideal para usar la infusión obtenida por decocción como tónico para cerrar los poros y controlar la grasitud.
LAVANDA. Es una de las hierbas más usadas en cosmética. Relaja, calma y promueve la regeneración celular. La infusión que se realiza con sus hojas puede utilizarse directamente sobre la piel del rostro, en el baño para el cuidado integral del cuerpo y como complemento en la higiene del cabello.