Mantener la piel sana y hidratada es un paso esencial antes de exponerse al sol. La llegada del verano nos hace que nos preocupemos más de manter todo nuestro cuerpo en excelentes condiciones para que no se reseque y se arrugue.
La piel es nuestra barrera natural frente a las agresiones externas y, de hecho, el bronceado es una reacción defensiva frente a las radiaciones solares.
Pero para garantizar esta capacidad de protección, hay que mantener la piel sana e hidratada.
Además, una piel elástica también responde mejor a la cosmética fotoprotectora, lo que ayuda a conseguir una tonalidad dorada más atractiva y uniforme.
La piel, sin embargo, pierde agua con mucha facilidad a causa del calor, los ambientes climatizados artificialmente, e incluso al entrar en contacto con agua excesivamente rica en cloro, cal o sal.
Para mantener su nivel hídrico, es necesario hidratarla al menos una vez al día, preferiblemente después de haber tomado una ducha, pues con el agua
caliente los poros se dilatan y pueden absorber más fácilmente cualquier cosmético que se aplique.
Pero lo que nunca debe dejar de hacerse es hidratar en profundidad la piel tras realizar una exfoliación, pues este proceso es comparable al efecto que genera una lija sobre la madera, dejando al descubierto la piel nueva.
Ésta es notablemente más sensible a las agresiones externas, sobre todo a las solares.
Por último, no se puede olvidar que la celulitis, las estrías, la flacidez... son problemas que se reflejan especialmente en la piel y que pueden estropear un bronceado bonito.
Por lo tanto, conviene realizar masajes localizados y recurrir a cosméticos específicos siendo muy constante en su aplicación, que ayuden a paliar sus efectos.
Todo ello acompañado de una rutina de ejercicios especialmente ideados para tratar esta problemática y una alimentación equilibrada para obtener un bronceado más duradero y, sobre todo, muy saludable.